Ruptura de parejas en verano

Por Sandra Nuñez

Una vez vuelta de mis vacaciones europeas y sin apenas haber dado tiempo a recuperarme del jet lag, he visitado, como si de un político que  pide el voto tras un desastre natural se tratara., los efectos del ciclón emocional que ha pasado por  Las Vegas en mi ausencia.

Con gran incredulidad y sorpresa, compruebo que casi ninguna de las parejas bien avenidas de las que dejé hace apenas tres semanas ha conseguido sobrevivir, que los solteros, que proclamaban su soltería a los cuatro vientos, han aparecido emparentados cual tortolitos aleteando sus alas de felicidad por el nuevo amor y para más quebradero de cabeza, las parejas que han sobrevivido se han propuesto estropearme el cuento de la princesa y el príncipe que una vez encontrados fueron felices para siempre y comieron perdices, del que soy fiel seguidora,  revelándome secretos de familia de esos que si se enteraran él o ella en ese preciso instante un rayo les separaría y ni perdices ni nada, más bien se tirarían al aire la cubertería entera a ver si con un poco de suerte hacen puntería con el cuchillo de la carne.

Casados de más de cuatro años de matrimonio, lucen cuerpo en bañador (lo de lucir es metafóricamente) y ronronean a todo lo que se mueve a ver si con un poco de suerte consigue aumentar su lista de ligues del verano, renegando del matrimonio como si del Diablo mismo hablaran.
Pero por Dios, qué ha pasado??? Me pregunto si será el calor sofocante, que ha provocado que se derritan neuronas o más bien que con esto del verano, las fiestas en las piscinas de los Casinos, los bikinis, la música de DJ y los Daiquiris todo el mundo ha perdido el Norte pero algo de esto ha debido pasar.

La vida es corta y hay que disfrutarla, que duda cabe, pero tampoco podemos olvidar que los inviernos son largos y fríos, que el ser humano es un ser sociable que solo encuentra la felicidad plena cuando la comparte con alguien y que los amores de verano, son pasionales, fogosos y provocadores pero que según vienen, se van y cuando queremos echar la vista atrás ya no queda ni el humo.

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