AMOR-ODIO CON EL CRÉDITO.

 

Por Sandra Nuñez

Nada más llegar a EEUU una de las primeras cosas que aprendes es la importancia que tiene el crédito y que sin él eres un marginado social.

Cosas tan simples como darte de alta en la luz, el agua, el gas o incluso en el sobrevalorado cable, te cuesta sudor, lágrimas y a razón de $100 el depósito para cada uno de ellos, si no tienes crédito.

Ni que decir tiene, que si en uno de esos arrebatos de valentía se te ocurre ir al banco y solicitar una tarjeta de crédito, a parte del ataque de risa que le entra al banquero con tu petición, cuanto menos atrevida, lo único a lo que puede llegar a aspirar es a una tarjeta “timo crédito”, una de esas en las que te quitan de tu cuenta la misma cantidad de crédito que te dan con la tarjeta, me dirán donde está el préstamo….

A partir del momento en que asumes tu marginación social, todos tus esfuerzos para los 6 meses siguientes consistes en comprar a plazos todo lo que se te ocurra, y que así, te vaya reportando una buena puntuación en tu crédito, eso sí, asumes como gasto necesario todos los intereses que tengas que pagar por el camino si al final has conseguido tu ansiado crédito.

Después de esto, te das cuenta que los últimos 6 meses te has pasado comprando cosas que realmente no necesitabas, que te has endeudado tanto que ya no puedes comprar nada más con tu recién estrenado crédito y que vas a necesitar más de seis meses para conseguir pagar todas las deudas que te acarreo tu crédito

Lo dicho, amor-odio

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